martes, 6 de octubre de 2009

ASOCIACIONISMO DISIDENTE EN ESPAÑA


El diccionario define el asociacionismo como: “Movimiento social partidario de crear asociaciones políticas, cívicas, culturales, etc.". Y por lo que atañe a quienes, como nosotros, no soportamos el mundo en que vivimos, impugnamos sus valores de materialismo rampante, su falta de identidad colectiva, su absurdidad y su sinsentido, su carencia de alma, hay que añadir: “Movimiento social partidario de crear asociaciones destinadas a combatir tales males”.
Desde hace un tiempo, varios grupos de jóvenes españoles tratan, en efecto, de dar desarrollo práctico a semejante reto, impulsando la consolidación de un movimiento con un fuerte cariz social y estructurado en asociaciones. La asociación, como agrupación básica de voluntades, ha sido el vehículo elegido para dar el salto, para tratar de incorporarse e influir en la vida social. A través de la constitución de asociaciones de diversa naturaleza, orientadas hacia diferentes ámbitos en los que operar, estos jóvenes buscan dar proyección pública a una actitud militante.

Situados fuera de la oficialidad institucional, resueltamente alejados de lo políticamente correcto y de cualquier tipo de relación con las organizaciones sociales (ya sean partidos, sindicatos o grupos de interés) que controlan los resortes de poder, estos jóvenes y estas asociaciones pretenden activar el protagonismo social de sectores invisibles. Aspiran, en efecto, a promover una renovación, orquestada desde lo que en la terminología liberal se conoce como “sociedad civil”. Las actividades que desarrollan, ya sean sociales, culturales o deportivas, cuentan con un objetivo suplementario: el de promover la implicación de los jóvenes y sectores desfavorecidos por la globalización; cargar contra lo establecido. Y para ello poseen un fuerte componente ideológico.

Se trata de asociaciones como Fernando III de Sevilla, Alfonso X de Alicante o Respuesta Joven de Granada, La pugna por defender un sentido comunitario frente al individualismo imperante, por recuperar el protagonismo juvenil o por defender decididamente la nación y las identidades regionales ante el caos cosmopolita son algunas de sus principales características.

En los últimos meses han iniciado la celebración de encuentros periódicos que permitan reforzar la colaboración entre esas asociaciones y servir al mismo tiempo de punto de encuentro para jóvenes comprometidos con los valores que defienden. En ellos, la práctica de actividades deportivas, la formación cultural y el debate son los ejes sobre los que se sostiene su práctica asociativa. Una práctica que se traduce en una amplia labor a pie de calle realizada a diario por los militantes de estas asociaciones.

Ajenos a la actividad política convencional, estos jóvenes se identifican como ciudadanos concienciados, convertidos en sus propios representantes a través de una continua militancia metapolítica. No les interesan los partidos, ni centran su interés en el Congreso de los Diputados, sino en calar hondo en el seno mismo de la nación española, de sus jóvenes y de sus gentes. Su lucha está en los valores, no en eslóganes viejos y repetidos como sonsonetes.

Los pasados días 7, 8 y 9 de agosto cerca de un centenar de representantes de las principales asociaciones españoles se reunieron en el II Encuentro de Asociaciones Patrióticas celebrado en Alicante. También participaron diversos invitados externos al movimiento asociacionista español, como Benedetto Soccodato, del Foro 753 de Italia (donde el movimiento asociacionista tiene un extraordinario vigor) y Javier Ruiz Portella, director de Elmanifiesto.com.