UN PRADO SEMBRADO DE PAPAS
Hacíamos aquel ABC sevillano con el periodismo anónimo que don Antonio
Burgos Belinchón ha sacado a hombros de su experiencia laureada por l a
Puerta del Príncipe de los Ingenios Recuadrados. Se publicaba entonces
una página diaria titulada «Los debates de ABC». Tres personas
destacadas de la ciudad daban su opinión acerca de un tema de
actualidad. Y allí estaba el guardia que suscribe, con sus veintipocos
años cuajados de inseguridades y esperanzas bajo palio de juventud,
agarrado al auricular del teléfono (aquellos inefables terminales
blancos y gordos, ligeros pero inspiradores de confianza), buscando en
los quiebros de la voz interlocutora el camino más corto para ganarse su
confianza y el reconfortante «sí, quiero» a la propuesta del periódico.
Aquella tarde le tocó al Pali, que levantó su auricular, arrellanado no
en el sitial de la acera sino en el sofá de su salón sin ventanas al que
se asomaba ora su madre ciega ora su perra Triana, y con aquella
amabilidad antigua como su guitarra de plata y su devoción por José
Antonio, escuchó pacientemente, algo jadeante ya, mi cantinela.
—Buenas tardes, don Francisco. ¿Le importaría contestar a una encuesta
que estamos haciendo sobre qué haría el encuestado con el Prado de San
Sebastián, que, como usted sabe, está vacío desde que la Feria a Los
Remedios fue trasladada?
—De don Francisco nada, niño. Paco, y va que chuta. —De acuerdo;
usted perdone, Paco. Se hizo un silencio que me hizo temer que Francisco
Palacios se hubiera quedado dormido (era esa hora pajolera de la siesta
en que los periodistas despegamos). Pero no, la voz de El Pali sonó por
aquel teléfono blanco y gordo como él.
—Poh mira, yo lo sembraba de papah pa tené papahaliñá frescah tol año, ¿sabe?
Y se quedó tan pancho, y yo conteniendo la risa mientras Manolo
Ferrand, Paco Navarro, Paco Gómez, Manolo Ramírez, Antonio de la Torre,
Lola Meiriño, Manolo Rodelas y Carlos Bernal se jartaban de reír al
escucharme repetir la frase del Pali. Como se estarán riendo ahora en el
Prado inmarchitable con las ocurrencias del Pali, que estará apoyando
su papada sobre los brazos cruzados en el respaldo de la silla que le
habrá puesto San Pedro para que haga aún más infinita si cabe la sonrisa
del Padre Eterno.
Ángel Pérez Guerra
Publicado en ABC de Sevilla el día 24 de Junio de 2013